viernes, 23 de noviembre de 2007

El origen del gato doméstico

Foto: cachorro de gato montés europeo (Felis silvestris silvestris), montañas de Escocia, primavera de 2001.


Recientemente se ha publicado en la revista Science bajo el título "La domesticación del gato tuvo su origen en Oriente Próximo" un estudio científico realizado por un grupo de investigadores de diversos países, incluido España.

El gato es, de los animales domésticos, el único cuya primera asociación tuvo un origen "comensal". Esto es, que a diferencia de animales de abasto o de carga, el gato montés se acercó al hombre porque la acumulación de grano por parte de los primeros agricultores les proporcionaba abundantes poblaciones de roedores de los que alimentarse. En generaciones posteriores, dichos gatos fueron perdiendo su agresividad y desconfianza.



Foto: las variedades fenotípicas del gato doméstico son muchas, desde el conocido como "tabby" (izquierda), muy parecido al gato montés, a variedades melánicas (derecha)


Sin embargo, aunque se cree que fue en Egipto donde esto se produjo, a día de hoy el origen del gato doméstico sigue siendo incerto. La primera evidencia arqueológica de la domesticación del gato se sitúa en Chipre hace 9500 años.
En la actualidad, se considera al gato doméstico como una subespecie dentro de la especie Felis silvestris, llamada F. s. catus. Otras subespecies de esta especie son el gato montés europeo (F. s. silvestris), el gato montés africano (F. s. lybica), y el gato de las estepas (F. s. omata), este ultimo asiático. No existe unanimidad en cómo clasificar al gato chino del desierto, si como una especie a parte (F. bieti) o bien como subespecie (F. s. bieti).

La distribución de las diferentes subespecies dentro de F. silvestris se puede ver en la imagen adjunta.



Pues bien, en el mencionado artículo, los autores han analizado genéticamente a unos 1000 gatos domésticos y monteses para aclarar por medios moleculares tanto el origen del gato doméstico como la situación taxonómica de las diferentes especies o subespecies de gatos monteses que hay en África, Asia y Europa. De esos 979 gatos, 629 eran gatos monteses o gatos domésticos asilvestrados, 112 eran gatos domésticos de diversas razas y 5, gatos chinos del desierto.
Omitiremos aquí la metodología tanto molecular como estadística empleada y pasaremos directamente a los resultados y sus implicaciones. De dichos análisis resultaron 5 subespecies dentro de F. silvestris: I) F. s. silvestris, II) F. s. cafra, III) F. s. ornata, IV) F. s. lybica y V) F. s. bieti.

El árbol filogenético resultante, tras eliminar individuos hibridados con gatos domésticos, fue este:

En el grupo II se reunen todas las muestras de gatos monteses del sur de África, animales que antes se consideraban dentro del grupo de los del norte del continente (F. s. lybica). Por su parte, el gato chino del desierto es una subespecie de F. silvestris y se halla muy próxima al gato de las estepas (ambas subespecies asiáticas).
Y lo que es mas interesante, todos los gatos domésticos, tanto asilvestrados como de raza, se colocan dentro del grupo IV, con F. s. lybica, siendo éste un grupo monofilético. Esto indicaría que los gatos domésticos proceden del gato montés africano.

Por otra parte, el estudio del ADN mitocondrial reflejó que los gatos se comenzaron a domesticar hace 10.000 o 12.000 años, antes de lo que se creía por descubrimiento arqueológicos, y que todos ellos proceden de al menos cinco hembras fundadoras.

En definitiva, el gato se unió al hombre durante el "creciente fértil", cuando los primeros granjeros de la historia (quizá egipcios, aunque no es seguro) domesticaron los cereales.


Driscoll CA, Menotti-Raymond M, Roca AL, Hupe K, Johnson WE, Geffen E, Harley EH, Delibes M, Pontier D, Kitchener AC, Yamaguchi N, O'brien SJ, Macdonald DW. 2007. The Near Eastern origin of cat domestication. Science 317:519-523.

jueves, 22 de noviembre de 2007

Fábulas celulares (I): "De la Espermátide que quería ser un Óvulo"

Como la ciencia no siempre ha de resultar seria, vamos hoy con el primer capítulo de mis "Fábulas celulares". Dice así:

DE LA ESPERMÁTIDE QUE QUERÍA SER UN ÓVULO

Rogelio era una Espermátide al que le gustaba que le llamasen María José. Era Rogelio hijo de una Célula de Sertoli y de un Macrófago Testicular, y ambos progenitores ya notaron, desde que aquél era un simple Espermatocito, que era diferente a sus hermanos. Esto no disgustaba del todo a la Sra. Sertoli, que, por causas de la diosa Biología, sólo podía tener hijos varones. Además, desde que empezó la Guerra, siempre llegaba el doloroso día en que sus hijos adultos debían marchar a la batalla, para jamás regresar.
Fue entonces, siendo apenas una Espermátide, cuando Rogelio se dio cuenta de que no participaba de las mismas aficiones que sus hermanos y primos. No se divertía con esas absurdas carreras de velocidad y resistencia en las que todos se volvían frenéticos, ni tampoco se atusaba ni arreglaba su cola como los demás (y eso que él la tenía considerablemente más larga que la mayoría). A Rogelio le gustaba más bien llevarla recogida con un pasador. Pero tuvo que pasar un tiempo hasta que cayó en la cuenta del porqué. Fue un día en que sorprendió a uno de sus hermanos mayores mirando una revista mientras se frotaba la cola. Rogelio no supo por qué lo hacía, pero al verle sintió un extraño escalofrío que en aquel momento no supo explicarse. Le fue fácil encontrar posteriormente esta revista descuidadamente escondida debajo del tejido conjuntivo (un número atrasado de la revista Play-Cell), para descubrir en ella la explicación a todas sus sensaciones. Fue en la página central, dedicada al “Óvulo del Mes”, donde todo se aclaró. Viendo esa enorme forma redondeada con ese gran núcleo central, hacia la que se dirigían prestos una decena de Espermatozoides, se dio cuenta de que él no era uno de esos cerdos machistas y asquerosos: él era el Óvulo.
Desde aquel día, Rogelio insistió a todo el mundo en que le llamase María José (así se llamaba esa actriz que le abrió los ojos) e intentó engordar infructuosamente, pues el cuerpo de una Espermátide no está diseñado para acumular lípidos. Por supuesto que, en un mundo tan conservador y retrógrado como es un Testículo, Rogelio se convirtió en seguida en el hazmerreír de todos los espermatozoides y en el escándalo de los Fibroblastos. Pero a Rogelio le daban igual las burlas. No así a su padre, que no podía ir a trabajar sin recibir algún comentario jocoso de sus compañeros. Un día, estando fagocitando a un pobre Lactobacillus (que juró hasta el momento mismo de su muerte que era saprófito y que se había extravasado por error), Romerales le comentó, para el destornillamiento general: “pues igual con tu hijo Rogelio logramos la autofecundación...”. Llegó Don Macrófago a casa con el aparato de Golgi colgando y con dos mitocondrias de menos. La Sra. Sertoli creyó horrorizada que se había producido una infección, pero Don Macrófago se lo explicó todo. “Tendrías que haber visto como ha quedado él, parecía un neurona”.
Llamó enseguida a Rogelio y le dejó las cosas claras. “Mira, Rogelio, basta de mariconadas, tú eres una Espermátide y cuando crezcas llegará el día en que tengas que marchar a fecundar un Óvulo o a morir como un Espermatozoide”. A Rogelio ambas posibilidades, pero en especial la primera, le resultaron muy desagradables. Al “Pero papá, voy a hacer la objeción de conciencia” le siguió un enorme sopapo de los de antes, de cuando el Período Embrionario.
Rogelio corrió entre lágrimas con su madre, que lo acarició para calmarlo. “Eso, tu amaricónalo más”, gritó Don Macrófago.
-No hagas caso a tu padre, hay cosas que un macrófago no puede comprender, hijo.
“Ni un macrófago ni una espermátide”, pensó Rogelio.
Pasó el tiempo y Rogelio se convirtió en un espermatozoide adulto. Su padre había muerto en un ataque de Sífilis, y la Sra. Sertoli estaba ya en proceso degenerativo, por lo cual se sentía muy solo. La mayoría de sus hermanos y primos había marchado ya a la Guerra, la cual le seguía resultando absurda a Rogelio. El Sistema Nervioso Central le había denegado la objeción, y le dieron una prórroga para alistarse o sería autolisado.
Cuando ya se aproximaba el plazo a su expiración, Rogelio empezó a sentir que enfermaba. La ansiedad lo consumía, y decidió desertar. Una noche, cuando todo el cuerpo estaba hipofuncional, salió por el epidídimo y al llegar a la uretra subió sigilosamente hacia la vejiga. Se lanzó a la orina, recorrió el órgano buceando y a través de un uréter alcanzó un riñón. Pero al ir a saltar a un vaso sanguíneo, fue avistado por una patrulla de Linfocitos T que dieron la alarma. Y, pese a su audacia, fue rodeado a la altura del ventrículo derecho del corazón, donde tomó por rehén a un trombocito circulante.
Tras horas de negociaciones soltó al aterrado Trombocito, y cuando medio Sistema Inmune se aprestaba para asaltar el ventrículo, se escuchó desde el epitelio de los pies hasta la sustancia gris del cerebro (se dice que todavía hoy resuena el eco en los senos craneales) un “¡¡Me llamo María José!!” seguido de un desgarrador grito de dolor. Cuando los leucocitos entraron, encontraron a Rogelio con un pie en la otra vida, mascullando “Ma...riajosé...” mientras perdía el plasma celular por donde otrora se insertara su cola, que ahora descansaba inerte a su lado, como metáfora de la intolerancia celular.
.
.
.
Por Syngamus.


miércoles, 21 de noviembre de 2007

De alimañas y vermes (I)

En 2002 publicamos bajo el título “¿Incrementan los helmintos la vulnerabilidad de los faisanes a la predación por zorros?” un trabajo original de investigación en la revista inglesa Journal of Helminthology. Resumo aquí dicho estudio y sus principales conclusiones.

La metodología del estudio fue sencilla: se liberaron al medio natural unos 60 faisanes criados en una granja Asturiana (algo frecuente en los cotos de caza de esa región) y se estudió su supervivencia mediante la técnica del radio-seguimiento (radio-tracking en inglés). Dicha técnica consiste en colocar al animal un emisor de radio que permite localizarlo siempre que se desee. Además, los emisores utilizados en este caso estaban dotados de un sensor de mortalidad. Dicho sensor se activa cuando el animal no se ha movido en 12 horas (por lo que se supone que ha de estar muerto), cambiando la frecuencia de emisión.
A los faisanes estudiados se les hizo además, antes de su liberación, una prueba para detectar sin se hallaban parasitados por vermes gastro-intestinales, lo que reveló que parte de ellos hospedaban parásitos y otros no.
Una vez liberados, se localizaron diariamente y, si algún emisor indicaba que el faisán había muerto, era buscado inmediatamente con el fin de determinar la causa de su muerte. Una vez hallado el cadáver, se observaba la disposición del mismo, las marcas en sus plumas y musculatura, la presencia a su alrededor de excrementos o plumas que delataran al predador y cualquier otro signo para la identificación del mismo. Por ejemplo, los zorros suelen enterrar sus presas. Por su parte, las rapaces desplumas las presas a tirones con su pico, lo que las diferencia de los carnívoros, que arrancan las plumas a mordiscos.
Los resultados fueron espectaculares: el 98% de los faisanes había muerto antes de 12 días. La causa de muerte fue atribuible a la predación en un 80% de los casos; el zorro fue responsable de 70% de ellas.
Sin embargo, los resultados más interesantes se relacionaron con la supervivencia y causa de muerte de los faisanes en función de si estaban o no parasitados: los faisanes parasitados sobrevivieron significativamente menos y fueron predados por zorro con mayor frecuencia que los faisanes sin parásitos. Sin embargo, no se pudo relacionar la presencia de parásitos con una menor condición física del faisán antes de la suelta. Esto es, el parásito no parecía perjudicar en principio al ave.
Que un animal enfermo es un objetivo más fácil para un predador es un hecho bien conocido. Sin embargo, existen pocos estudios que lo demuestren científicamente que la presencia subclínica (esto es, sin síntomas) de un patógeno afecte a la supervivencia de un animal. ¿De qué manera puede afectar la presencia de los parásitos al hospedador de los mismos? Por ejemplo, Hudson y colaboradores observaron que lagópodos escoceses (Lagopus scoticus, un ave de caza de la familia del urogallo) parasitados eran detectados por perros adiestrados con mayor facilidad que los no parasitados. Estos autores proponían que los excrementos de las aves parasitadas tenían un olor más fuerte y por tanto facilitaba el trabajo de los perros, que en este caso representaban el papel de predador.
Otros parásitos alteran el comportamiento de su hospedador para que éste sea más vulnerable y lo devore un predador, con lo que dicho parásito puede cerrar su ciclo vital.
Sin embargo, ninguna de estas dos teorías era aplicable en nuestro estudio: el parásito de los faisanes se hospeda en el buche (por lo que difícilmente puede influir en el olor de los excrementos) y además es de ciclo directo (por lo que no necesita que el faisán sea devorado por un predador). La hipótesis que propusimos fue la siguiente: el faisán suele pasar la mayor parte del tiempo subido a las ramas de los árboles, donde se halla más seguro, descendiendo a los campos para alimentarse. Pues bien, quizá el parásito compita por el alimento ingerido con el faisán, haciendo que éste deba pasar más tiempo en el suelo, donde es muy vulnerable al ataque del zorro. Esto explicaría la menor supervivencia y la mayor tasa de predación por zorro de los faisanes parasitados.

Si alguien desea una copia del artículo original puede pedírmela mediante correo electrónico a alimanasyvermes@gmail.com

Millán, J., Gortazar, C., Tizzani, P., and Buenestado, F.J. 2002. Do helminths increase the vulnerability of released pheasants to fox predation? Journal of Helminthology 76:225-229.

martes, 20 de noviembre de 2007

Río Odra

Bajan en apariencia tranquilas las aguas del Río Odra, aquí en la frontera entre Polonia y Alemania, pero uno percibe la verdadera velocidad de la corriente cuando algún pato se deja llevar por la misma. Entre los abundantes azulones, presentes todo el año, distingo algunas especies que han comenzado a llegar con la migración. Observo porrones bastardos y especulados, así como media docena de serretas grandes. Anteayer sólo observé una pareja de ellas; quizá estén llegando por oleadas. Por el contrario, otras especies se han marchado, como los ansares comunes y las grullas, tan abundantes esta primavera. El frío empieza a ser intenso y me adentro en una zona de bosque. Al salir de ella, sorprendo a una pareja de corzos que pasta sobre los primeros brotes de un prado de cereal. Al detectarme, huyen a la carrera. Pocas veces he salido por los alrededores de Slubice sin ver al menos un par de corzos. Son muy abundantes en Europa central y del Este. Este verano pudimos observar la ladra del corzo en todo su esplendor desde las torres de los cazadores.
Ya en casa, caliente y cómodo, como quien no quiere la cosa y sin motivo aparente, inauguro este blog.
Related Posts with Thumbnails